Nas marxes

En el contexto de la Bienal de Arte de Pontevedra de 2025, recientemente recuperada, tuvo lugar un primer intento de incorporar un programa de artes vivas dentro de su estructura general. Aquella programación, desplegada a lo largo de los meses de apertura en distintos espacios de la ciudad y la provincia, funcionó como un campo de pruebas, como una aproximación inicial a las formas en que las prácticas performativas podían entrar en diálogo con el contexto de la bienal y sus públicos.

Más que un ensayo en sentido estricto, aquella experiencia puede leerse como un gesto de insistencia. Samuel Beckett escribió "Try again. Fail again. Fail better" (Vuelve a intentarlo, fracasa de nuevo, fracasa mejor). En esa lógica se inscribe el impulso que atravesó esa propuesta, no tanto basado en una idea de ensayo, sino en la voluntad de insistir, de afinar y de ir más lejos en esa convivencia con el marco de la bienal, al desplazar los límites de lo que una bienal puede acoger.

En 2026 damos un paso más con la presentación de la primera Bienal de Artes Vivas de Pontevedra, titulada Nas marxes. En los márgenes, en los bordes, en los umbrales donde las categorías se desdibujan y las prácticas encuentran otras formas de aparecer. El título remite a esos espacios de fricción y de tránsito entre disciplinas, entre lo visual y lo escénico, entre lo instituido y aquello que aún busca su lugar. También señala aquellas obras difíciles de contener en los circuitos habituales, piezas que no terminan de pertenecer ni al teatro ni al museo y que encuentran aquí un contexto propicio para desplegarse.

Construir un programa implica articular una constelación de voces que, en principio, no estaban destinadas a coincidir. Programar es activar un espacio de aproximaciones, de encuentros entre prácticas, cuerpos e imaginarios que, al entrar en relación, generan nuevas formas de lectura. No se trata solo de ordenar propuestas según una lógica cerrada, sino de sostener un territorio donde lo heterogéneo pueda convivir sin resolverse. El programa se configura, así, como un campo de tensiones entre lenguajes, temporalidades y modos de hacer. En ese cruce emergen fricciones, afinidades inesperadas, zonas de incertidumbre y momentos de revelación. Más allá de trazar un recorrido estable, se propone abrir un espacio en el que cada pieza dialogue con las demás y con quienes la atraviesan.

En este marco, el papel del público resulta fundamental, pues se plantea una implicación activa que supone mirar, interpretar, cuestionar, dejarse afectar. El sentido no está dado de antemano y se construye en ese tránsito compartido, para que el programa devenga en una estructura abierta, en constante transformación, donde lo que acontezca no se limite a la escena y se expanda en los encuentros, las preguntas y las formas de estar juntos que se generen también en relación con el Convento de Santa Clara, sede del evento. Fundado en el siglo xiii y habitado durante más de setecientos años por una comunidad de monjas de clausura, deja de ser únicamente un lugar de silencio y recogimiento para convertirse, tras su reapertura como sede de la Bienal de Pontevedra, en un cuerpo activo que recibe y modula estas experiencias, un lugar atravesado por otras presencias, cuerpos en movimiento, voces, gestos y resonancias que reconfiguran su memoria.

En esta primera edición, la iglesia, el coro, los jardines y otros espacios del convento se transforman en lugares de encuentro entre artistas y públicos. Acceder a lugares durante tanto tiempo clausurados abre, también, nuevas posibilidades para las prácticas contemporáneas. La carga histórica y simbólica de estos espacios actúa como materia activa con la que trabajar. Muchos de los artistas han desarrollado piezas específicas para estos contextos o adaptado trabajos existentes para dialogar con la arquitectura, la memoria y la atmósfera del lugar. El programa incluye, asimismo, procesos en curso, trabajos en desarrollo que se muestran en su devenir y permiten al público asistir a su construcción. Estas propuestas se articulan en relación con iniciativas como Residencias Paraíso, el festival Citemor de Montemor-o-Velho o TNT, Terrassa Noves Tendències, con las que esta bienal establece vínculos y complicidades.

Las artes vivas son prácticas artísticas que suceden en el aquí y el ahora. Reúnen prácticas tan diversas como la danza contemporánea, la performance, el teatro más experimental, la música en vivo, el arte sonoro, las prácticas vocales o coreográficas, el circo y otras formas híbridas que se sitúan entre las artes visuales y las artes escénicas. Desde esta condición abierta y procesual, atravesada por la incertidumbre y la experimentación, se inscribe una lógica de tentativa continua; una lógica basada en la secuencia de Beckett, ese intentar, fallar, volver a intentar. Cada gesto y cada acción son una exploración de lo que aún no sabemos. Esta bienal propone, en ese sentido, volver a habitar el convento de Santa Clara desde el movimiento, la presencia y la experiencia compartida de los cuerpos que lo activan.
Iñaki Martínez Antelo